GRACIAS POR VISITAR MI PQUEÑO RINCÓN DE LETRAS, ESPERO PASES UN RATO AMENO Y ENTRETENIDO.

Iré escribiendo aquí algunas historias protagonizadas por el Gran Espíritu, mi personaje de Madre Loba y sus vivencias con Clara y puede que alguna que otra historia donde me lleve la imaginación y la fantasía.

Mi deseo de nuevo de que sean del agrado de quien se acerca a leer.

sábado, 10 de julio de 2010

La dama del manantial, final.

Escuchaba la voz de Madre loba con la vista fija en el horizonte donde el sol estaba a punto de ocultarse, con un gesto amargo en mi cara imaginando al pobre Alonso en su desesperación de la cuenta atrás de su ejecución siendo inocente y con el duro golpe de las palabras de su amada.


. – Supongo que no llegó un milagro que salvase al muchacho ¿ No? – dije con tristeza.

. – Llegó pero demasiado tarde – siguió la loba – al día siguiente de la ejecución del chico llegaron noticias de la comarca vecina. Habían cogido a la banda de bandoleros con las joyas del marques entre otras. Interrogaron sobre la participación de Alonso, confesaron no conocerle de nada. Cuando se preguntó a los marqueses sobre su acusación, Guillermo reconoció que él sólo había apoyado las palabras de su mujer y que nunca vio la cara de los bandidos. Acorralada Genoveva reconoció que quizá se había equivocado pero ante la presión de Inés confesó la verdad, que su intención fue separarles para continuar con su planes. Desesperada Inés salió corriendo de la casa atormentada por las palabras que le dirigió a Alonso, él había muerto mortificado por la idea de que ella le creía culpable. Llegó al manantial, era su lugar de encuentros. Al atardecer encontraron su cuerpo en el fondo del barranco.

Un silencio se hizo tras sus palabras y medité despacio lo que había dicho antes y como el espíritu del bosque retenía en su memoria y la transmitía. Historias tristes que se perdían en el tiempo. De repente algo vino a mi mente.

. – Hay algo que me llama la atención – dije de pronto – En la historia de Pascual y Roseta da la impresión que sus espíritus se encontraron en paz tras su muerte y quedaron juntos dado el curioso rosal que brota de sus tumbas pero en este caso el fantasma de Inés vaga atormentado – hice una mueca – No  parece justo, fue engañada y no pudo soportar el dolor de la perdida.

. – Inés quedó en paz Clara – me sorprendió Madre Loba – Su espíritu se reunió con el de Alonso.

. – ¿Entonces de quien es el espectro que acabo de ver en el manantial? Creí que era el de Inés al suicidarse.

Madre Loba se incorporó, llegó hasta mi y fijó sus ojos en los colores púrpura que recortaba la silueta de la montaña después de ocultarse el sol.

. – Ella no se suicidó. Estaba destrozada y paseaba por la zona con los ojos arrasados por el llanto – la loba elevó su cabeza mirándome – Ya has visto lo angosta que es la zona, perdió el pie pero al igual que tu todos creyeron que se había suicidado. Guillermo acusó a Genoveva como la culpable. Se marchó abandonándola y fue cuando vendió su título. Ella venía todos los días al manantial a llorar su desgracia y corroída por los remordimientos. Un día encontraron su cuerpo. Se había quedado dormida en una fría noche de invierno.

. – ¿ Entonces fue la madre la que se suicidó? No creo que se quedase dormida así sin más.

. – Eso nunca se sabrá pero desde entonces su espectro vaga en las cercanías del manantial y en el aniversario de la muerte de Inés se pueden oír los lamentos, apenas audible al oído humano. El como si el viento ululase entre los árboles.
Quedé pensativa del entraño sentimiento que me había provocado la historia. Lamenté y sentí una gran tristeza cuando vi su fantasma en el manantial pensando en su pena eterna pero después de conocerlo todo reconozco que el dolor de ese espectro casi me parecía un castigo justo a su delito. Comenté mis sentimientos a Madre Loba.

. – ¿Quiere eso decir que si supieses la forma de romper ese círculo de dolor en el está esa mujer la dejarías en él?

Miré sorprendida al animal por la pregunta y quedé un rato pensativa. Eché a andar antes de que las sombras que avanzaban no dejasen ver el abrupto camino de vuelta, la loba me seguía a pocos pasos. Al llegar abajo me volví hacia ella.

. – Supongo que la ayudaría pero no por lástima, creo que su tormento es merecido. Lo haría por mí. No querría el peso de su condena sobre mi conciencia. Dejar que continuase si pudiera liberarla sería como compartir el peso de su culpa.

Madre Loba caminó unos pasos y se volvió.
. – Es una respuesta sabia.

La seguí sin poder evitar una sonrisa.

miércoles, 7 de julio de 2010

La dama del manantial, 3ª parte.

Inés era una joven de aspecto delicado y una suave belleza que recordaba el origen aristocrático y Genoveva pensó que la solución a la pobreza era buscar un buen casamiento para la niña con el reclamo del titulo nobiliario. Mientras eso llegaba, el marques reacio aún a la venta del título había recopilado las pocas joyas de la familia para venderlas, con tan mala fortuna que el coche donde viajaban fue asaltado por los bandoleros. Pese al descalabro aún intentó aguantar vendiendo parte de la tierra que rodeaba la casa.


El comprador fue el mesonero, adquirió la tierra con la idea de que su hijo Alonso la cultivase plantando viñas. El chico se había educado en el monasterio donde tenía un tío fraile. Cuando Alonso era pequeño su tío dijo ver aptitudes en el chaval y convenció al tabernero de enviárselo para prepararlo y servir a la iglesia. En su adolescencia comprendió su tío que el muchacho no tenía vocación y lo devolvió a su padre pero ya tenía una cultura muy superior a la de sus congéneres. Era educado, hablaba con refinamiento y amabilidad. Muy lejos de la tosquedad de los mozos de su edad. Su padre compró la tierra porque estaba convencido que la cultura adquirida por el muchacho era una oportunidad para ascender de status. Seguro que su chico le sacaba partido.

Alonso acudía todos los días casi al amanecer, Inés no dejaba de mirarle desde la ventana de su habitación.

. – Parece inevitable que surgiera el amor entre ellos ¿Verdad? – afirmé.

. – Sí, era lógico. Alonso era un joven atractivo y simpático que la saludaba desde el campo. Ella comenzó a bajar con cualquier excusa para charlar con él. Sus modales finos y educados cautivaron a la joven Inés que le juró amor eterno.

El marques, se puede decir que fue indiferente a esa relación. Habituado ya a su situación no veía con malos ojos los buenos ingresos del mesonero, con capital suficiente como para comprarle tierra. No era de su opinión Genoveva. La aldeana encumbrada de su baja condición veía esa posible unión como una perdida de oportunidades, de consolidarse como marquesa con un buen matrimonio para la niña que devolviese el esplendor de otros tiempos al título con ella como centro. Si sabía jugar bien sus cartas buscando un buen partido saldrían de este lugar y podrían mudarse a la Corte. Genoveva se veía siendo recibida en los mejores salones.

Ella iba en el coche con el marques cuando fueron atacados por el grupo de bandoleros, uno de ellos le arrebató del cuello un collar muy valioso, una de las piezas que llevaban a vender.

Desesperada por romper la unión de Inés, denunció a Alonso como uno de los bandoleros, convenció al marques que fue él quien le arrancó el collar y que seguro que fue ese dinero el que permitió que comprasen las tierras. Guillermo convencido por ella apoyó la denuncia. De nada sirvió que el mesonero demostrase que había recibido una pequeña herencia. Alonso fue detenido y acusado del robo de las joyas del marques.

Inés estaba destrozada e insistía ante la autoridad que era todo una maquinación de su madre para impedir su relación pero el marques había apoyado la acusación y en la comarca su nombre aún tenía peso.

. – Por favor no me digas que les creyeron y encerraron al chico – protesté temiendo lo peor.

. – Temo que si y la cosa empeoró bastaste cuando decidieron acusarle no sólo de ese delito. Le imputaron todos los robos y crímenes que habían cometido los bandoleros en la zona – afirmó Madre Loba – Le propusieron condenarle a cadena perpetua si identificaba a sus compinches y como puedes imaginar Alonso no podía confesar lo que no sabía.

. – Eso es absurdo – protesté indignada imaginando otro final trágico y esta vez aún más injusto.

. – Muchos hechos han sido injustos a lo largo de vuestra historia – Madre Loba fijó sus ojos en los míos – El espíritu del bosque sólo se limita a recoger la historia y a transmitirla con la idea de que al menos quede en la memoria esas pobres vidas que se perdieron por la villanía de otros. Alonso es quizá uno de los más notorios y lamentables – la loba movió la cabeza con gesto pesaroso – Fue condenado a muerte, su ejecución se llevaría a cabo tres días después.

Inés luchaba contra la duda entre su razón y su corazón que le decía que Alonso era inocente y otra con las palabras de su madre que repetía todas las atrocidades cometidas por los bandoleros y que fueron relatadas en el juicio, entre ellas como uno de los bandidos había cortado sin dudar el dedo de una dama porque ésta no podía sacar su anillo. O como habían matado a golpes a un anciano al negarse a confesar donde escondía sus ahorros.

El instinto de Inés intentaba aferrarse a la fe en Alonso que a través de mensajes juraba su inocencia pero Genoveva minaba con sus palabras envenenadas hasta el punto de que cuando Inés recibió una misiva de Alonso donde le decía que no le importaba morir mientras ella creyese su inocencia y mantuviera su amor por él, Inés contestó instigada por su madre que le creía un delincuente y que su muerte era indiferente para ella. Alonso caminó hacia la horca hundido y sin importarle ya nada.


Continuará....

La dama del manantial, 2ª parte.

. – Toma asiento y respira con lentitud – añadió Madre Loba.

Hice lo que me pedía sin entender que pretendía con ello. Señaló con la cabeza una dirección, una pequeña vereda rodeada de follaje espeso. Seguía las indicaciones de su voz indicándome que siguiese bajando la respiración, percibiendo las energías que emanaba el lugar mientras insistía que mantuviese la vista fija en el mismo lugar.

Para mi asombro una tenue figura blanca fue apareciendo en la estrecha senda, alterada me incorporé y la imagen desapareció.

. – ¿ Porque te has asustado? – preguntó la loba.
. – He visto algo – dije nerviosa – Algo extraño con la forma de una mujer.
. – Es una mujer, eso es lo que quería que vieses.
. – ¿ Quien o que es?
. – Lo que estas pensando. Es un fantasma, el espectro de una mujer. Quería demostrarte que se pueden ver  a plena luz.
. – ¿ Pretendes enseñarme un fantasma? – contesté enfadada – No quiero ver eso.
. – No hay razón para tener miedo Clara. Ella no te percibe, sólo pasea su dolor sin notar nada más. No puede hacerte nada y por tanto es absurdo tener miedo.
. – ¿ Entonces los fantasma no perciben a los vivos? – pregunté más tranquila.
. – Este no pero hay de todo. Casi siempre los inofensivos son los que viven en un limbo, como un camino en círculos que recorren sin cesar sin percibir nada más. Suelen ser los malignos los que son capaces de interaccionar contigo pero no debes preocuparte, esos son fáciles de detectar por la maldad que emanan y casi siempre se circunscriben a un lugar determinado. Con tu instinto no tendrás dificultad para notarlos y basta con alejarse de ellos.

. – ¿ Como ha llegado ella a ese estado? – pregunté desconcertada mientras volvía a fijar la vista en la vereda intentando captar de nuevo la imagen de la mujer. Poco a poco pude distinguir los rasgos. Era morena, bien parecida y vestida con un vestido blanco que asocié a la moda del siglo XVIII. Una imagen translúcida y parecía distraída con las pequeñas flores del camino pero el gesto dolorido no se apartaba de su rostro.

. – Quieres que te cuente su historia ¿ Verdad?

. – Claro – afirmé rotunda – pero quisiera marchar a otro lugar. No consigo concentrarme en tus palabras mientras mantengo la atención en ella, por cierto, además de pasear ¿ No hace nada más?.

. – A veces emite un lamento, cuando se acerca una fecha determinada – Madre loba hizo una indicación y caminó hacia el sendero de vuelta. Dócil la seguí volviendo la cabeza de vez en cuando hacia la figura que abstraída y con los ojos tristes los tenía fijos en algún punto. Me sentí extraña dando la espalda a un espectro. Sólo unos días antes un hecho así me habría mantenido con la boca abierta de sorpresa y miedo no sé el tiempo pero desde que conocí a Madre Loba lo sorprendente comenzaba a ser cotidiano.

Comenzamos el descenso por un camino menos escalpado. Con paso tranquilo Madre empezó su relato.

. – Hace muchos años, un marques, no importa el nombre...

. – ¿Porque no importa? – interrumpí – Con los De Pardo lo consideraste importante.

. – En su caso era importante porque fue el deseo de perpetuar el apellido lo que provocó la tragedia – se volvió hacia mí – en este caso el marques, bastante venido a menos tuvo que vender al final su título para sobrevivir. Los blasones y la gloria de los antepasados ahora pertenecen a otro que nada tiene que ver con su linaje, así pues, el apellido es irrelevante pero si tienes curiosidad te diré que el nombre era Guillermo.

Sólo hice un gesto aceptando su decisión. Levante la vista mientras bajaba hacia la puesta de sol. Siempre me habían gustado pero en un lugar como ese donde se dominaba el valle era un espectáculo sublime. Me detuve y me senté sobre una roca para indicar al animal que ese era un buen lugar para detenerse un rato mientras la escuchaba. La loba acató complacida la indicación y se sentó junto a la roca.

. – Guillermo trató de adaptarse a los tiempos de decadencia prescindiendo de todo lujo en la casa solariega donde sólo quedaban a su servicio dos viejos criados, matrimonio que permanecía junto a él más por lealtad que por el pago escaso que recibían y no siempre. Vivió durante años con su mujer y un hijo que apenas despuntó en su juventud se marchó a la Corte con idea de cazar una mujer de fortuna aprovechando su buena presencia, por desgracia era pendenciero y dado a los duelos de honor. En uno de ellos perdió la vida. La marquesa, su madre no tardó en seguirle.

Ante la soledad, el marques decidió reconocer a una hija, Inés que había tenido quince años antes con Genoveva, una aldeana. Presionado por ella aceptó casarse, más por encontrase atendido que por amor y porque tenía tan asumida su decadencia que no dio importancia a su condición plebeya.

Continuará...

miércoles, 30 de junio de 2010

La dama del manantial, 1ª parte.



Día pesado en los quehaceres que sólo lograron que recobrara la libertad después del almuerzo.

Mis pasos siguieron las huellas de la noche antes en el intento de poner color a la imagen en blanco y negro contemplada a la luz de la luna de lo que fue la granja de Pascual y Roseta.

No defraudó la vista después de subir la loma dejando el río a mi espalda. Un estallido de colores provocaron un suspiro de admiración. Una recreación para la vista había dicho Madre Loba y era cierto.

El lugar donde se encontraban las tumbas era un rincón magnífico con el galán de noche en flor. Fue su aroma lo que inundó el aire la noche anterior, sus ramas leñosas indicaban los años que llevaba allí, quizá plantado por la mano de la gitana dado lo inusual encontrar una planta como esa en estado salvaje. Se mezclaba con dos rosales silvestres, uno rojo y otro blanco repleto de flores. Toda la extensión se encontraba tapizada de pequeñas islas que descendían por la suave pendiente del claro formadas, unas por grupos de lavandas florecidas y otras por tomillo con sus pequeñas flores violaceas adornadas con campanillas rosa y todo el conjunto rodeado de vinagreras amarillas que se perdían hasta el grupo de alcornocales que indicaba el comienzo del bosque. Algunos árboles frutales bastante viejos era la única señal de que alguna vez aquel lugar fue una granja.

Me aproximé con la intención de comprobar si podía distinguir las tumbas del joven matrimonio debajo de los rosales, eran demasiado espesos y traté de entender porque el espíritu del bosque había sepultado las tumbas de los jóvenes. Un nuevo vistazo a mi alrededor me dio la respuesta. La presencia de esos monumentos funerarios con la superstición de las gentes quizá las hubieran alejado convirtiendo ese bello lugar en un sitio solitario, en vez de eso era un espacio plácido  donde recrearse.

Cuando iba a dar la vuelta algo llamó mi atención, de la misma rama de lo que yo creí dos rosales salían rosas rojas y blancas. No eran dos, era sólo uno con dos tipos de flor. No pude evitar sonreír ante el curioso hecho. Me pareció hermoso.

Tomé asiento y durante mucho rato estuve disfrutando del paisaje que se extendía ante mi con el canto de los pájaros y el arrullo del río como fondo.

. – No hay duda que el lugar te impresionó anoche – sonó una voz conocida a mi espalda.

. – No esperaba encontrarte a estas horas Madre Loba – dije sonriendo – Te asociaba a la noche.

. – ¿ Porque?

. – No sé, quizá porque eres como algo irreal, una alucinación fantasmal, es una impresión cuando te dejo y llego a casa y en las horas diurnas casi me hace dudar de tu existencia como si fueses producto sólo de mi imaginación.

Los ojos del animal tomaron una expresión que ya conocía y que no sé porque yo asociaba a una forma de sonreír.

. – No soy un espectro como puedes ver y aunque te sorprenda los fantasmas no sólo salen de noche aunque reconozco que es más fácil encontrarse con ellos en presencia de sombras, quizá también porque la noche provoca el estado de alerta y es más fácil captar energias sutiles.

Enarqué las cejas tratando de entender porque el asombroso animal hablaba de esa forma cuando hizo un gesto con la cabeza indicándome que la siguiese.

Subimos la ladera casi cerca de los alcornocales y estuvo guiándome por las peñas arriba hasta que llegamos a una altura desde donde podía contemplar no sólo la hermosa explanada, a lo lejos divisaba el campanario del cercano pueblo entre los árboles.

Seguí a Madre Loba por un sendero hasta que oí el sonido de una caída de agua, unos metros más y un manantial que terminaba en saltos apareció ante nosotras.

. – Toma asiento – indicó la loba – para lo que quiero mostrarte tienes que estar tranquila y relajada.

Iba a preguntar porque pero ya había decidido no indagar sobre la razón de su proceder. Madre Loba quería enseñarme cosas y yo aprenderlas.

Antes de tomar asiento sobre un viejo tronco di un pequeño paseo para echar un vistazo. Más allá del manantial y tras unas espesas matas el terreno se cortaba en un abrupto precipicio con el recorrido del río en su fondo.



Continuará....

domingo, 6 de junio de 2010

Luna de Sangre, final.

. – Vamos – dijo incorporándose y echando a andar a lo largo del margen del río – caminemos mientras te sigo contando la historia.

La seguí agradeciendo la noche de luna, el brillo de ésta sobre el agua señalaba el camino.

. – El alba se llenó del plañir de voces gitanas cuando descubrieron los dos cuerpos al llegar a la granja – reanudó el relato mientras continuábamos descendiendo siguiendo el agua – El hermano de Roseta con el rostro crispado por la ira miraba fijamente y expectante a su madre que se mecía en silencio con el cuerpo de su niña abrazado – Dame unos momentos – pidió la matriarca alzando hacia él sus ojos sin lágrimas pero tan llenos de dolor que abrumaba mirarla – Sólo unos instantes.

Poco después se encerraba en su carromato a solas para interrogar a sus láminas arcanas.
No dieron nombres, sólo hechos y circunstancias pero para ella no fue difícil identificar a los culpables.
Cuando abrió la puerta del carromato todos los hombres estaban frente a ella con la determinación en su mirada.

. – Tranquilizar el ánimo – ordenó con voz serena – Honremos a nuestros muertos. Esta noche la luna se alzará roja para los De Pardo.

En la casa grande estaban de fiesta. Pedro De pardo satisfecho y orgulloso había salido de la habitación de ver de nuevo a su nieto, aunque prematuro no tenía el aspecto enfermizo de los otros hijos que había tenido Elena. Se le veía sano y fuerte. Estaba seguro que saldría adelante y perpetuaría el nombre de la familia.

La matriarca cumplió lo dicho a los suyos y en la fiesta de los De Pardo su sangre vengó la de los inocentes que las gitanas aún lloraban a lo lejos.
. –¿ Les mataron a todos? – pregunté mientras subía una pequeña loma siguiendo los pasos de la loba.

. – No a todos. Esa noche no se derramó más sangre inocente. La matriarca les había acompañado y sabía leer en las miradas de quien tenía delante. Pedro De Pardo, delante del cuerpo de su hijo Ramiro pensó que iba a ser el siguiente cuando comprendió el porque de tanta muerte pero la matriarca detuvo el cuchillo de su hijo.

. – No morirás esta noche – afirmó rotunda la gitana – Vivirás el tiempo suficiente para ver como contigo se acaba tu estirpe.

Habíamos llegado a un claro. A la luz de la luna pude contemplar un hermoso rincón lleno de rosas silvestres y flores olorosas. Cerré los ojos y aspiré el aroma que impregnaba el aire antes de preguntar a Madre Loba.

. – ¿ Su estirpe? ¿ Es que los gitanos persiguieron al resto de la familia?.

. – No hizo falta – dijo la loba adentrándome más en el hermoso lugar – Las maldiciones siguen su curso. El primo lejano y su hijo murieron unos años más tarde en una epidemia y otro familiar que ostentaba el apellido en una guerra de tantas. Cuando quince años después Pedro De Pardo cerró los ojos sabía con certeza que con él acababa el apellido que tanto quiso perpetuar.

. – Bueno – dije dudosa acariciando una  rosa – No sé si es justo que quienes nada tuvieron que ver con el crimen de Ramiro y Elena pagasen por ello.

. – Llevaban la sangre de los De Pardo y se heredan no solo las fortunas niña de agua – afirmó Madre Loba – Los actos de los ancestros también forman parte de la herencia.

Suspiré comprendiendo que hay cosas difíciles de entender y volví a concentrar mi atención en la hermosura del lugar.

. – Sabía que te gustaría el sitio – dijo Madre Loba adivinado el curso de mis pensamientos – Esta fue la granja de Pascual y Roseta. Los gitanos les enterraron aquí con unas cruces talladas en piedra que han sido cubiertas por las plantas. Un rosal silvestre creció poco después y el espíritu del bosque cubrió sus tumbas con las flores más olorosas quizá como un homenaje a tan trágicas vidas, este ha sido desde entonces un lugar hermoso. Un disfrute para todo el que pasa y hace un alto en su camino.

Admiré lo que podía percibir a la claridad de la luna prometiéndome visitarlo a la luz del día.

. – ¿ Que fue del bebé? – recordé de pronto.

. – Esa misma pregunta le hice yo al espíritu del bosque cuando contó la historia y dijo que cuando los carromatos de los gitanos salian del bosque oyó en la lejanía la voz de la matriarca cantando una nana.

Mariant Herrera ( M.I)

viernes, 4 de junio de 2010

Luna de Sangre 5ª parte.


Los días pasaban sin que la joven Roseta entendiese porque la habían encerrado en ese lugar arrebatándola de su hogar feliz y tranquilo. Los rumores que circulaban por la comarca sobre los De Pardo vinieron a su mente. Se hablaba de la dificultad con la descendencia. Recordaba que antes de su matrimonio con Pascual, la señora había visitado a su madre sobre el problema. La gitana comprendió la razón de su secuestro, la abundancia con que era alimentada, la intervención de Elena ante el acoso de su marido confirmaron lo que temía. Las cavilaciones la llevaron a los más negros pensamientos sobre la suerte de Pascual. Si tenía razón, esos indeseables habían dado muerte al amor de su vida y cuando naciese el niño ella correría la misma suerte.

Roseta no contaba con las dotes de su madre para la magia pero conocía lo suficiente para intentar hacer una llamada desesperada a la matriarca sobre su situación.

Esa llamada no cayó en vacío, su madre sintiendo el peligro de la hija ordenó a los suyos ponerse en marcha y los carromatos de gitanos emprendieron el camino hacia la granja.

Justo en ese momento se recibía en casa de los De Pardo una carta. Era de los padres de Ramiro. Estaban en el pueblo vecino, a dos escasos días de camino. Venían con la intención de quedarse hasta el nacimiento del bebé de Elena. La noticia provocó una conmoción en la pareja que desesperada paseaba por una estancia decidiendo que hacer.

           . – No hay más remedio que provocar el parto a la gitana – afirmó Elena.
           . – Son sólo siete meses. Podría ocurrirle algo – alegó Ramiro.
           . – Tendremos que correr ese riesgo. Diremos a tu padre que se ha adelantado el parto por una caída y nos arriesgaremos a lo que sea.

La vida de la joven se decidió esa noche de luna casi llena. Un grupo de criados entraron de improviso en la estancia cogiendo desprevenida a la gitana. La tumbaron sobre la cama y una criada vieja, la más experta en estas cuestiones provocó el parto ignorando los gritos y lamentos de la joven.
Pocos después el llanto de su hijo silencio la voz de Roseta mientras las lágrimas corrían por su cara al comprender como se sellaba su destino.
Agotada se dejó conducir al exterior y tras el muro de la casa fue arrojada diciendo que se largase.

No comprendió porque la dejaban con vida y en libertad hasta que comprobó la hemorragia que empapaba sus piernas. La miserable que había provocado su parto sabía que en esas condiciones no llegaría muy lejos. Se puso en pie y tambaleándose inició el camino de vuelta a la granja. Tenía que comprobar que había sucedido con Pascual.
La tierra iba empapando la sangre de la joven madre con cada paso que daba hasta que casi sin fuerzas consiguió arrastrarse hasta el cobertizo. A la escasa luz de la luna distinguió el cadáver de su amor y en un supremo esfuerzo logró llegar hasta él y exhaló su ultimo suspiro abrazada a su cuerpo.


Tragué saliva intentando contener las lágrimas que pugnaban por salir con esa escena relatada por Madre Loba. Como si supiera mi estado de afectación detuvo su relato y un silencio sólo roto por el correr del arroyo fue el eco de mi pena por esas dos vidas truncadas por la maldad.


Continuará...

jueves, 3 de junio de 2010

Luna de Sangre 4ª parte.


Luna nueva en una noche negra y la muerte cercó el hogar de la joven pareja. Sombras traidoras acecharon el momento en que Pascual estaba alimentando al ganado. Una de las hoces de labranza segó su cuello sin percatarse siquiera que la tragedia le había seguido al cobertizo mientras Roseta canturreaba terminando de  preparar la cena.
Su canto fue interrumpido por las sombras enmascaradas que se precipitaron sobre ella colocando un saco sobre su cabeza y la arrastraron fuera .

La trasladaron a la casa grande y la dejaron en una habitación. Poco después llegó Ramiro y se sorprendió al ver el aspecto de la joven gitana. Su rostro sangraba con varias heridas y gran número de magulladura y arañazos llenaban sus brazos. Intentó acercarse con palabras afectuosas que pretendían ser ayuda pero a la gitana no le había pasado por alto la mirada de deseo en sus ojos, Roseta con fuego en la suya asió una de las sillas de la estancia y la golpeó contra la mesa convirtiéndola en astillas. Cogió uno de los trozos en forma de estaca afilada y lo puso contra su pecho.

. – Si da un paso más me clavo la estaca – exclamó amenazante – prefiero la muerte antes que me toque.

. – Déjala Ramiro – sonó la voz de Elena a espaldas de éste.

Elena había entrado seguida de una de las criadas con un recipiente de agua, vendas y unguentos para curar las heridas.
La mujer de Ramiro intentó convencer a Roseta de dejarse curar pero la gitana continuaba con la estaca contra su pecho al tiempo que preguntaba que habían hecho con Pascual. El silencio y la mirada cómplice de la pareja fue la respuesta. Un brillo de entendimiento cruzó los ojos de la joven y alzó la estaca para coger más fuerza.

. – Le han matado ¿ Verdad?. Han matado a mi hombre. Pues si el ha muerto no quiero seguir viviendo.

. - ¡Detente! – gritó Elena asustada del giro que estaban tomando los acontecimientos – No está muerto. Pascual está bien. Mira – añadió con voz conciliadora – Te dejamos esto aquí y cura tu misma tus heridas.

Hizo una señal a Ramiro para que la siguiera y abandonaron la habitación.
Fuera Ramiro se encaró con su mujer.

. – No sé porque has venido – dijo con rabia – creí que habíamos quedado que la gitana era mía. Podía desalmarla si me hubieras dado tiempo.

. – Los criados me han informado de la resistencia que ha puesto y ya ves las lesiones que se ha causado con ello. Tiene genio y no quiero correr riesgos con el bebé. Temo que tendrás que dejar tus perversiones para otra ocasión.

No podemos perder ese niño Ramiro.

Continuará...

martes, 1 de junio de 2010

Luna de Sangre 3ª parte.

Descendieron de los caballos y pidieron agua. Elena se interesó por su embarazo, Roseta halagada por el interés que esa elegante dama tenía por ella fue dando detalles sin problemas. El brillo de satisfacción de los ojos de Elena aumentaba con cada palabra.
De vuelta comentó a su marido.
. – Hermosa la gitanilla ¿ Verdad Ramiro?.
Éste sólo asintió sin saber muy bien por donde iba a derivar su mujer aunque en su pensamiento estaba la imagen hermosa de Roseta, aumentada su ya excelsa belleza por su embarazo.
. – Oh, vamos Ramiro. Reconoce que te gusta. No se me ha escapado tu mirada de deseo.
. – Es cierto que es hermosa – reconoció malhumorado – No sé que hace un insignificante campesino con esa beldad. Es una pena que se marchite en labores bajas y vulgares aunque no sé donde pretendes llegar con estas insinuaciones.

Elena no contesto al principio y se concentró en el paso tranquilo del caballo antes de volver a la carga con los planes que habían surgido en su mente.
. - ¿ Te has dado cuenta que está embarazada de siete meses? – giró un poco el cuerpo para mirarle de frente – Es perfecta para nosotros. Podríamos escribir a tu padre que estoy de ese tiempo encinta y no hemos comunicado antes por miedo a que se malograse.

Ramiro arrugó la frente sin comprender.
. – Que estupidez es esa Elena. Sabes que el médico dijo que con los problemas del último parto era muy difícil que volvieras a concebir.¿ Para qué iba a engañar a mi padre con algo que averiguará en su tiempo?
. – ¿No lo comprendes? Esa gitana es perfecta para nosotros. El hijo que espera nacerá dentro de dos meses y el campesino es de piel y ojos claros como tú. Ese niño puede pasar por nuestro y con eso nos aseguramos la fortuna de los De Pardo. No querras que esa fortuna pase a manos de tu primo ¿ Verdad?

Ramiro detuvo el paso de su caballo y miró adusto a su mujer.
. – Claro que no, pero ¿ Crees que esos dos nos van a entregar a su hijo por las buenas? Has visto igual que yo la ilusión de ese chico cuando hablaba del bebé.

Elena dio un tirón de las riendas y encaró su caballo con el de su marido.
. – No estaba pensando pedírselo. Los accidentes ocurren y nos podríamos llevar la gitana a casa. No me importa lo que hagas con ella. Sé cuanto te gustaba entrar en mi cama cuando yo estaba embarazada.

Ramiro fijó la mirada en la de su esposa largo tiempo comprendiendo al fin las ideas que la rondaban.
. – Quizá porque era el único periodo en el que dejabas de ser un témpano – reprochó enfadado – Serían las hormonas – resopló con fuerza – ¿ Quieres acabar con la vida de ese muchacho? ¿ Y la gitana? No creo que accediera de buen grado a mis requerimientos.

. – Eso nunca fue un problema para ti – dijo mordaz – Siempre he sabido tus historias con las criadas y he visto las señales en su cuerpo. Las consentí con la esperanza de que concibieran un hijo pero parece que el problema no es sólo mío o que las elegidas no eran demasiado fértiles.

. – Eres diabólica Elena – exclamó sonriente – Escribiré a mi padre y estudiaremos esta noche la forma de deshacernos del granjero. Por cierto ¿ Qué pretendes que hagamos con la gitana cuando nazca el niño?.
. – Es una simple gitana. Le ofreceremos mucho dinero. No creo que lo rechace cuando se vea sin un marido para llevar la granja.
. – ¿ Y si no acepta?.
. –Espero que lo haga – dijo enderezando el caballo y colocándolo al paso – Por su bien.

Continuará...

domingo, 30 de mayo de 2010

Luna de Sangre 2ª parte.


. – La casa fue construida por una familia, De Pardo creo se llamaban – sonreí ante la expresión de la loba mientras intentaba hacer memoria. Me dije que era increíble como modifica la inteligencia la expresión de un animal – Habían hecho fortuna más allá del gran mar...


. – América – interrumpí

Madre Loba afirmó con un gesto de cabeza y buscó acomodo en el suelo antes de continuar el relato.

. – Mala gente, el espíritu del bosque dice que a su fortuna la perseguía la memoria de la sangre con la que fue levantada. Se hicieron los amos de la comarca que manejaban a su antojo. La historia comienza con Ramiro De Pardo, casado con Elena De Pardo.

. – ¿ Eran familia?

. – Primos. Una costumbre familiar para preservar la fortuna y en este caso causante de su tragedia. Este tipo de enlaces que beneficiaba económicamente tuvo malas consecuencias entre la descendencia. Comenzaron a nacer niños malformados o enfermos y muchos no sobrevivían a la adolescencia.

. – Una afectación genética – añadí – La endogamia complica mucho la eliminación de enfermedades genéticas.

. – Ellos lo comprobaron en su prole que se fue diezmando. En el caso de Ramiro y Elena se le habían muerto ya tres niños, dos de ellos al poco de nacer y el ultimo a los pocos años. El linaje se reducía y el padre de Ramiro que vivía en tierras mucho más al norte, temiendo que se perdiese el nombre le dijo a su hijo que si no tenían un hijo pronto dejaría toda la fortuna a un primo segundo que había hecho un matrimonio plebeyo pero que ya había tenido un hermoso niño perfecto y sano.

En esa época se había celebrado un matrimonio mixto entre Pascual un joven campesino y Roseta una hermosa gitana. No fue fácil para el muchacho convencer a la trouppe de gitanos de ese matrimonio pero la matriarca, una gitana conocida en varias comarcas por su habilidades mágicas y adivinatorias supo ver que ambos jóvenes sentían un amor verdadero y bendijo la unión.

Pascual tenía una  granja  heredada de su padre y un pequeño terreno que cultivaba como medio de vida. La pareja era feliz y un par de meses después de la boda cuando ya estaba embarazada despidieron a los carromatos de gitanos, acampados en las tierras del campesino un par de meses después de la boda pero ya era tiempo dijo la matriarca de seguir con sus costumbres itinerantes prometiendo volver para el nacimiento del bebé.

Un día mientras el matrimonio De Pardo montaba a caballo descubrieron a la gitana ayudando a Pascual en el cultivo. A Ramiro le llamó la atención la belleza de la gitana y a Elena su estado. Observó la cara lasciva de su marido y una siniestra idea se perfiló en su mente.



Continuará....

jueves, 27 de mayo de 2010

Luna de Sangre 1ª parte.


El sol estaba alto cuando me introduje en la cama. Todo lo sucedido esa noche daba vueltas en mi cabeza. Tenía casi cuatro años cuando sucedieron los hechos que tras el relato habían vuelto como si nunca hubieran desaparecido, aún así era increíble y la emoción me hacía dar una y otra vuelta. Si no hubiese estado tan cansada habría corrido al bosque pero al fin venció el sueño y mi cuerpo se entregó al descanso.
La llamada para el almuerzo me dejó con la sensación de que todo había sido una fantasía onírica. Era irreal pensarme conversando con una loba intemporal que pretendió en algún momento que creciese junto a ella, aún así al caer la tarde con un sol en el ocaso caminé hacia el bosque.
La línea de árboles, inicio del bosque, me acogieron con las primeras sombras con un paisaje que tomaba tintes grises. Me preguntaba camino del arroyo como encontraría a Madre Loba.

           . – ¿ Me buscabas Clara? – me sorprendió su voz a mi espalda.

           . – ¿ Como sabes mi nombre? – pregunté sonriendo y sin sorprenderme de su aparición. Intuía más que sabía que podría encontrarme en cualquier rincón del bosque – No recuerdo que te lo hubiese dado, ni anoche, ni cuando era pequeña.

         . – Y sé muchas cosas más, ya te lo dije anoche – caminó a mi paso en dirección al arroyo – Además
¿ Has olvidado que los hombres gritaban tu nombre niña de agua?

         . – Veo que sigue gustándote más ese que el mío.
         . – Se relacionan, Clara también es el agua. Muy adecuado.
Tomamos asiento casi en la misma roca que la noche anterior, Las sombras iban aumentando pero en la difusa luz vespertina pude distinguir unas ruinas de lo que en otro tiempo debió ser una gran casa.
Me levanté y caminé hacia ellas seguida de Madre Loba. En efecto, apenas quedaban paredes en pie pero la fachada principal aún conservaba lo que parecía un escudo familiar. Aparté la maleza de la que fue la entrada y comprobé que en el interior no quedaba ningún techo pero en sus tiempos tuvo que ser casi una mansión.
Las sombras crecían y no quise aventurarme en un lugar tan desolado sin luz.
Me volví hacia el animal y Madre Loba me miraba entre curiosa e intrigada.

             . – Debió ser una hermosa casa – dije retornando al río mientras pasábamos cerca de lo que debió ser el muro que rodeaba la casa, ahora sólo un montón de piedras.

            . – Si lo fue pero se cumplió la maldición de la gitana.

            . – ¿Y eso? – inquirí curiosa –¿ Llegaste a ver la casa en píe? ¿ Y que es eso de una maldición gitana?

           . – Tengo muchos, muchos años pero no tantos. Esta historia tiene muchos más pero todo lo que ha ocurrido en el bosque queda en la memoria de su espíritu y a él le gusta recordar en las noches tranquilas. Es una de tantas.

Volví a tomar asiento en la roca mientras observaba la esfera de plata de la luna asomando parcialmente sobre la montaña frente a nosotras.
. - ¿ Me la cuentas Madre Loba?.

Continuará...

viernes, 21 de mayo de 2010

Nueva senda, final del encuentro.






Madre Loba detuvo el relato y ahora fue ella la que fijó su mirada en la esfera blanquecina. Pensé instarla a continuar, me pareció inoportuno. Tenía interés en que prosiguiese, mis recuerdos eran cada vez más nítidos pero parecían ir un paso tras sus palabras, cómo si éstas fuesen abriendo camino en mi memoria pero comprendí que su sentido del tiempo y el mío eran divergentes y calmé mi impaciencia. Poco después volvió al mismo lugar y se sentó.
. – Sopesé las consecuencias de quedarme contigo y las asumí pero debía ser justa y liberarme de egoísmo dejándote la decisión a ti. Al espíritu del bosque le pareció una solución sensata. Te guié hacia donde percibía las energías del hombre. Busqué un lugar alto y oculto y te observé. Junto a mi parecías mirar con indiferencia al grupo de hombres y mujeres que desplegados rebuscaban entre la maleza mientras gritaban tu nombre. Pasó rato y tu continuabas a mi lado sin responder a sus llamadas. Comprendí que deseabas quedarte conmigo y me disponía a dar la orden de marcharnos cuando una voz se destacó entre las demás y tu dijiste algo.
. – Mamá – dije interrumpiéndola.
. – Sí, lo has recordado – Madre Loba se detuvo unos instantes como si el recuerdo le causase pesar – Titubeaste unos segundos mirándome y después saliste al claro y comenzaste a bajar la colina llamándola. Vi como te abrazaba y la alegría de los demás y me alejé internándome en el bosque con mis crías.
. – Tomé la decisión de volver por mi madre pero quería quedarme contigo. Si ella no hubiese estado con los que me buscaban posiblemente así habría sido pero pudo más mi amor por ella.
. – Así debía ser. Me dolió pero lo comprendí más tarde – respondió con una especie de resoplido – El don que poseo me fue concedido por una razón, no pedí ser elegida y la responsabilidad conllevaba mucha soledad. Mi especie debía continuar, perpetuarse en unos tiempos de aniquilación e indiferencia de un enemigo poderoso. Fui escogida dotándome de atributos inusuales a los de los míos. El deseo de quedarme contigo fue motivado por un interés propio. Una cría de nuestro peor enemigo podía acabar con la oportunidad que se había brindado a mi especie. Mi obligación debía ser anteponer la razón a los impulsos emotivos. Ese día tu corazón fue sabio sin saberlo y se inclinó por la mejor decisión para ambas.
. – ¿ Porque lo olvidé todo? De todo aquello sólo quedaron retazos en mi mente.
. – Era lo mejor para ti. Esos recuerdos no habrían hecho bien a tu vida entre los tuyos ni a nosotros. Con la edad que tenías era o no volver y que te diesen por perdida o que te quedases en tu mundo. Las incursiones nos habrían puesto en peligro en un momento muy delicado para el lobo. Un favor del espíritu del bosque. Actuó sabiamente.

Suspiré con calma sopesando sus palabras y no pude evitar un gesto de melancolía.
. – Aquel día perdí algo y esa sensación de perdida me ha acompañado todos estos años – bajé la mirada hasta el arroyo. El agua brillaba en los saltos con la luna, ahora más clara – Creo que esa fue la razón de volver y comprar la casa tan cerca del bosque. Fue como una llamada, un intento de encontrar algo que no sabía había perdido.
. – No estaba perdido sólo dormido pero siempre estuvo dentro de ti.
. – Pero ha pasado tanto tiempo.
. – El tiempo nunca es perdido, sólo se vive de otra forma y hay cosas que requieren un largo proceso de maduración para llegar a todo su esplendor. Has conseguido experiencias valiosas entre los tuyos y estas a tiempo de atesorar otras. Tú de alguna forma al igual que yo has sido elegida porque el don con el que fuiste dotada está intacto – sus ojos se clavaron con fijeza en los míos – Dependerá de ti el uso que decidas hacer de él. Yo no tuve imposición aquel día, pude elegir quedarme contigo y así lo hice. Tu acción me favoreció en una decisión errada y los años así lo han demostrado. Ahora posees libertad y mi misión con mi especie está concluida. El hombre ha cambiado su actitud de exterminio y el destino de los míos está equiparado al resto, ahora nosotros y nuestro hogar depende de las contingencias pero es un destino común.
No pude evitar una sonrisa al comprender lo que quería decir, habían cambiado para bien los tiempos de persecución y muerte despiadada del lobo pero su supervivencia ahora estaba unida a destinos comunes de otras especies y dependiendo como antes de la actuación del hombre.
. – No es muy halagüeño el panorama ¿No? – contesté con cierta ironía amarga.
. – El hombre puede ser un viento devastador o una brisa cálida – añadió con serena calma – Se le ha otorgado el poder de destruir y de regenerar la vida y he ahí su miseria y su grandeza – su mirada penetrante fijó su atención en el arroyo antes de levantar sus ojos hacia mi – El resto de las especies sólo podemos desear que siga en alza ésta última para bien de todos, incluido él mismo.
. – Está amaneciendo – dije mirando la suave claridad azulada con tintes rosados que recortaba la silueta de la montaña – Volveré apenas descanse. Tenemos que recuperar mucho tiempo y sospecho que muchas enseñanzas.
. – Estaré siempre que me llames – giró hacia la línea de árboles más allá de la orilla – Mi tiempo ahora es tuyo.
La vi perderse en la oscuridad del bosque mientras las formas comenzaban a distinguirse con una suave luz grisácea. Suspiré incorporándome y emprendí el regreso a casa sabiéndome privilegiada de las posibilidades que se abrían por conocer a un ser tan extraordinario. Posibilidades que pensaba aprovechar.



Proximo, 1ª parte de Luna de sangre, una leyenda de Madre Loba.




Mariant Herrera ( M. I)

lunes, 17 de mayo de 2010

MADRE LOBA. La decisión.


. – Amaneció un día claro y despejado – continuó el relato –Comprendí que podías entenderme mejor aún que mis crías. Podía compartir cosas a otro nivel, un alivio a mi soledad. Nunca me había pesado hasta que apareciste y en sólo unas horas dejé vagar mi mente en las posibilidades y me dije que quizá habías sido un regalo y un alivio de mi destino. La idea de que te quedases conmigo tomaba cada vez más forma. Yo podía enseñarte todo lo que había aprendido y tú aportarías la alegría de participar en un conocimiento que excedía a mi especie – el brillo de sus ojos cambió haciéndome sentir aún más empatía con este asombroso animal. Ajena a mis pensamientos la loba continuó – Como siempre nos acercamos al río y cacé un conejo como comida a mis lobeznos y para entrenarlos. Observé tu cara de asco y comprendí el primer problema, enseñar a comer de nuevo a una cría humana de tres o cuatro años que tendrías entonces. Una morera cercana de la que comenzaste a comer solucionó la cuestión momentáneamente. Buscar frutos del bosque era una posible solución si te repelía la carne. Pasamos el resto del día deambulando y con mi atención más en ti que en mis crías. Mi entusiasmo mostrándote cosas crecía por momentos y más al notar la atención y entendimiento que mostrabas. Llegó la noche y buscamos acomodo en otra oquedad del terreno. Te miré preocupada, sólo habías comido moras y decidí que al día siguiente te llevaría a algunos árboles frutales aunque tuviésemos que acercarnos más a los territorios del hombre.
Detuvo un momento su relato y de nuevo entendí que me dejaba tiempo para que buscase en mis registros mentales. El correr de un día, las subidas y bajadas de un interminable caminar por los bosque, juegos con los lobeznos y mi atención a sus indicaciones comenzaron a encontrar luz en la oscuridad en los que habían estado esos años. Como comprendiendo mis pensamientos ella continuó la historia.
,- Amaneció otro día y ya casi había iniciado la marcha para acercarnos a alimentos que pudieses ingerir cuando sentir la llamada del espíritu del bosque.
. – No recuerdo que te alejases – dije espontánea.
. – No era necesario – la mirada de Madre Loba se dulcificó – el espíritu está en todas partes, para comunicase con él sólo requería concentración para oír su voz en mi interior – ladeó la cabeza – Veo que tu mente se abre y recuerdas cada vez mejor – afirmé con un gesto de la mía – Su llamada fue de atención, una recriminación por mis actos y las ideas que había comenzado a albergar respecto a ti. Dijo que gran número de hombres se acumulaba en la entrada de los bosques y que yo sabía la razón.

Respiré hondo alzando la vista a la luna que ahora estaba más baja, a nivel de los árboles cercanos.
. – Esos hombres me buscaban a mi ¿ no?. El espíritu del bosque te prohibió que te quedases conmigo ¿ Verdad?.
. – No funciona así. Cuando se te otorga un don que te hace distinta, más sabia, se supone que esa sabiduría debe ser capaz de guiar tus acciones y tus pasos. Él recordó que toda acción tiene una reacción y unas consecuencias.


Continuará....

viernes, 14 de mayo de 2010

El encuentro (IV)



. – ¿Es esa la razón por la que me has llamado niña de agua?
. – Sí y por las cualidades que observé más tarde. El agua lo penetra todo, entra hasta lo más profundo de la tierra y conoce hasta el último de sus recodos – la loba recorrió el par de metros que nos separaba. De cerca era aún más visible que no era un animal corriente. En su frente y a esta distancia podía percibir a la luz de la luna una extraña cicatriz en su frente que más que la secuela de una herida tuve la impresión era un señal, quizá un aviso para los suyos de a quien tenían delante. En sus ojos veía ese signo de serenidad y sabiduría que muy pocas personas que yo había conocido poseían. En un animal antes de esta noche hubiese sido impensable, tal vez tanto como el hecho de sostener una charla con ella y escuchar con actitud reverente sus palabras. Pero nada de lo que estaba sucediendo me sorprendía. Tenía la impresión de estar recuperando algo perdido hacia mucho tiempo.
. – Entraste en la cueva siguiendo a mi lobezno. Tus ojos no están adaptados como los nuestros a la oscuridad pero tu parecías ser capaz de percibir donde estaba echada porque te detuviste apenas en la entrada, diste un par de pasos hacia la pared y te hiciste un ovillo buscando algo de calor. No noté miedo sino cautela o una forma de respeto que me sorprendió aún más. Sin hablarte lancé un pensamiento, que era mejor que te acomodarás con nosotros. Tus ropas estaban mojadas y la noche fría – la sensación reconfortante de cuerpos cálidos se abrió paso en mi mente – Sin palabras lo entendiste y te arrebujaste apoyando tu cabeza en mi lomo – Ya no tenía duda de que poseías un don extraordinario.
. – Voy recordando Madre Loba. Porque es así como te llamas. No me lo has dicho pero yo sabía que te llaman así.
. – Es maravilloso que tu mente esté recuperando los recuerdos tan rápido.
. – No tanto como quisiera, son sólo trazos. Por favor continua contando que ocurrió. Quiero saberlo todo y lo más importante porque lo olvidé durante todos estos años.

Continuará...

martes, 11 de mayo de 2010

El encuentro (III).

 


. – ¿Porqué no tenía interés para ti? – pregunté extrañada – era una niña pequeña, un bocado fácil.
. – La comida para mi no era un problema. Ya era una vieja loba en esos días – volvió a su postura cómoda echada – En realidad mi tiempo de fertilidad había pasado hacia mucho tiempo pero la situación crítica de mi raza perseguida y diezmada por el hombre hasta casi la extinción hizo que llamase la atención y el favor del espíritu del bosque. A él le debo mi longevidad y la posibilidad del milagro de la vida de esos cachorros y algunos más que llegaron después. La búsqueda de comida era una de las razones de peligro. Se me concedió no necesitarla, igual que la vida y la sabiduría que me ha permitido prolongar mi tiempo entre los míos hasta ahora.
. – ¿ No necesitas alimento para vivir?. ¿Tus hijos tampoco?.
. – Sólo yo fui escogida. Mis crías han sido lobos normales encargados de perdurar mi especie. Intenté, eso sí, educarlos en la costumbre de estar lejos del hombre. La actitud de mis crías ese día me desconcertó – reanudó la historia – Cuando di la orden de alejarnos montaña arriba para internarnos en el seguro bosque, desobedecieron y caminaron ladera abajo en tu dirección. Ya conocía entonces las costumbres del hombre. Si una de sus crías se perdía solía acudir con muchos a buscarla. Tu proximidad era un peligro para nosotros. Contemplé a distancia y con irritación tu alegría y tus juegos con ellos. Repetí la llamada y ellos obedecieron volviendo pero tu les seguiste. Decidí ignorarte. Ya te cansarías subiendo la montaña o al menos eso creí.

Detuvo su relato como observando el efecto de su palabras en mí. No eran recuerdos los que acudían, eran sensaciones. El frío de mi ropa mojada, el temor a la oscuridad creciente y escozor de pequeñas heridas provocadas por ramas que arañaban.
. – El camino debió ser largo – añadí abstraída mientras seguía buscando en ese lugar de mi mente que aún se negaba a mostrarse nítido – Recuerdo el cansancio, la fatiga de mi respiración.
. – Eras una cría pertinaz y obstinada y con una rara habilidad para seguir el rastro. A veces nos perdías de vista con la escasa luz que aún quedaba pero cuando creía que te habías rendido, aparecías entre las ramas llamando a mis lobeznos. Fue un gran recorrido cuando nos internamos en el bosque. Ya era noche cerrada y la lluvia comenzaba a caer con fuerza. Busqué un refugio y me acomodé con mis lobeznos en una pequeña cueva – irguió su cabeza y sus ojos brillaron con el reflejo de la luna en ellos – En la oscuridad no podías encontrarnos. Te observé mientras dabas vueltas llamando a mis hijos. Extrañamente no lloraste al verte sola. Te hiciste un ovillo bajo un árbol sin un quejido. La lluvia arreciaba, el árbol no era refugio y permití a uno de mis cachorros salir a buscarte.
. – Creía que no te importaba mi destino –dije sonriendo.
. – No se me ha concedido mi don por nada – aclaró reanudando la charla – no eras una niña normal. No perdías el tiempo con lloros. Como el agua busca acomodo en los saltos del terreno, tu luchabas por adaptarte. No sentiste miedo ni a la soledad ni a mi presencia. Ni la lluvia ni el frío ni las dificultades de la ruta minaron tus ganas de seguirnos. Habías captado mi interés.

Continuará....
Related Posts with Thumbnails