escribe mariant...

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GRACIAS POR VISITAR MI PQUEÑO RINCÓN DE LETRAS, ESPERO PASES UN RATO AMENO Y ENTRETENIDO.

Iré escribiendo aquí algunas historias protagonizadas por el Gran Espíritu, mi personaje de Madre Loba y sus vivencias con Clara y puede que alguna que otra historia donde me lleve la imaginación y la fantasía.

Mi deseo de nuevo de que sean del agrado de quien se acerca a leer.

martes, 11 de mayo de 2010

El encuentro (III).

 


. – ¿Porqué no tenía interés para ti? – pregunté extrañada – era una niña pequeña, un bocado fácil.
. – La comida para mi no era un problema. Ya era una vieja loba en esos días – volvió a su postura cómoda echada – En realidad mi tiempo de fertilidad había pasado hacia mucho tiempo pero la situación crítica de mi raza perseguida y diezmada por el hombre hasta casi la extinción hizo que llamase la atención y el favor del espíritu del bosque. A él le debo mi longevidad y la posibilidad del milagro de la vida de esos cachorros y algunos más que llegaron después. La búsqueda de comida era una de las razones de peligro. Se me concedió no necesitarla, igual que la vida y la sabiduría que me ha permitido prolongar mi tiempo entre los míos hasta ahora.
. – ¿ No necesitas alimento para vivir?. ¿Tus hijos tampoco?.
. – Sólo yo fui escogida. Mis crías han sido lobos normales encargados de perdurar mi especie. Intenté, eso sí, educarlos en la costumbre de estar lejos del hombre. La actitud de mis crías ese día me desconcertó – reanudó la historia – Cuando di la orden de alejarnos montaña arriba para internarnos en el seguro bosque, desobedecieron y caminaron ladera abajo en tu dirección. Ya conocía entonces las costumbres del hombre. Si una de sus crías se perdía solía acudir con muchos a buscarla. Tu proximidad era un peligro para nosotros. Contemplé a distancia y con irritación tu alegría y tus juegos con ellos. Repetí la llamada y ellos obedecieron volviendo pero tu les seguiste. Decidí ignorarte. Ya te cansarías subiendo la montaña o al menos eso creí.

Detuvo su relato como observando el efecto de su palabras en mí. No eran recuerdos los que acudían, eran sensaciones. El frío de mi ropa mojada, el temor a la oscuridad creciente y escozor de pequeñas heridas provocadas por ramas que arañaban.
. – El camino debió ser largo – añadí abstraída mientras seguía buscando en ese lugar de mi mente que aún se negaba a mostrarse nítido – Recuerdo el cansancio, la fatiga de mi respiración.
. – Eras una cría pertinaz y obstinada y con una rara habilidad para seguir el rastro. A veces nos perdías de vista con la escasa luz que aún quedaba pero cuando creía que te habías rendido, aparecías entre las ramas llamando a mis lobeznos. Fue un gran recorrido cuando nos internamos en el bosque. Ya era noche cerrada y la lluvia comenzaba a caer con fuerza. Busqué un refugio y me acomodé con mis lobeznos en una pequeña cueva – irguió su cabeza y sus ojos brillaron con el reflejo de la luna en ellos – En la oscuridad no podías encontrarnos. Te observé mientras dabas vueltas llamando a mis hijos. Extrañamente no lloraste al verte sola. Te hiciste un ovillo bajo un árbol sin un quejido. La lluvia arreciaba, el árbol no era refugio y permití a uno de mis cachorros salir a buscarte.
. – Creía que no te importaba mi destino –dije sonriendo.
. – No se me ha concedido mi don por nada – aclaró reanudando la charla – no eras una niña normal. No perdías el tiempo con lloros. Como el agua busca acomodo en los saltos del terreno, tu luchabas por adaptarte. No sentiste miedo ni a la soledad ni a mi presencia. Ni la lluvia ni el frío ni las dificultades de la ruta minaron tus ganas de seguirnos. Habías captado mi interés.

Continuará....
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