escribe mariant...

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GRACIAS POR VISITAR MI PQUEÑO RINCÓN DE LETRAS, ESPERO PASES UN RATO AMENO Y ENTRETENIDO.

Iré escribiendo aquí algunas historias protagonizadas por el Gran Espíritu, mi personaje de Madre Loba y sus vivencias con Clara y puede que alguna que otra historia donde me lleve la imaginación y la fantasía.

Mi deseo de nuevo de que sean del agrado de quien se acerca a leer.

sábado, 10 de julio de 2010

La dama del manantial, final.

Escuchaba la voz de Madre loba con la vista fija en el horizonte donde el sol estaba a punto de ocultarse, con un gesto amargo en mi cara imaginando al pobre Alonso en su desesperación de la cuenta atrás de su ejecución siendo inocente y con el duro golpe de las palabras de su amada.


. – Supongo que no llegó un milagro que salvase al muchacho ¿ No? – dije con tristeza.

. – Llegó pero demasiado tarde – siguió la loba – al día siguiente de la ejecución del chico llegaron noticias de la comarca vecina. Habían cogido a la banda de bandoleros con las joyas del marques entre otras. Interrogaron sobre la participación de Alonso, confesaron no conocerle de nada. Cuando se preguntó a los marqueses sobre su acusación, Guillermo reconoció que él sólo había apoyado las palabras de su mujer y que nunca vio la cara de los bandidos. Acorralada Genoveva reconoció que quizá se había equivocado pero ante la presión de Inés confesó la verdad, que su intención fue separarles para continuar con su planes. Desesperada Inés salió corriendo de la casa atormentada por las palabras que le dirigió a Alonso, él había muerto mortificado por la idea de que ella le creía culpable. Llegó al manantial, era su lugar de encuentros. Al atardecer encontraron su cuerpo en el fondo del barranco.

Un silencio se hizo tras sus palabras y medité despacio lo que había dicho antes y como el espíritu del bosque retenía en su memoria y la transmitía. Historias tristes que se perdían en el tiempo. De repente algo vino a mi mente.

. – Hay algo que me llama la atención – dije de pronto – En la historia de Pascual y Roseta da la impresión que sus espíritus se encontraron en paz tras su muerte y quedaron juntos dado el curioso rosal que brota de sus tumbas pero en este caso el fantasma de Inés vaga atormentado – hice una mueca – No  parece justo, fue engañada y no pudo soportar el dolor de la perdida.

. – Inés quedó en paz Clara – me sorprendió Madre Loba – Su espíritu se reunió con el de Alonso.

. – ¿Entonces de quien es el espectro que acabo de ver en el manantial? Creí que era el de Inés al suicidarse.

Madre Loba se incorporó, llegó hasta mi y fijó sus ojos en los colores púrpura que recortaba la silueta de la montaña después de ocultarse el sol.

. – Ella no se suicidó. Estaba destrozada y paseaba por la zona con los ojos arrasados por el llanto – la loba elevó su cabeza mirándome – Ya has visto lo angosta que es la zona, perdió el pie pero al igual que tu todos creyeron que se había suicidado. Guillermo acusó a Genoveva como la culpable. Se marchó abandonándola y fue cuando vendió su título. Ella venía todos los días al manantial a llorar su desgracia y corroída por los remordimientos. Un día encontraron su cuerpo. Se había quedado dormida en una fría noche de invierno.

. – ¿ Entonces fue la madre la que se suicidó? No creo que se quedase dormida así sin más.

. – Eso nunca se sabrá pero desde entonces su espectro vaga en las cercanías del manantial y en el aniversario de la muerte de Inés se pueden oír los lamentos, apenas audible al oído humano. El como si el viento ululase entre los árboles.
Quedé pensativa del entraño sentimiento que me había provocado la historia. Lamenté y sentí una gran tristeza cuando vi su fantasma en el manantial pensando en su pena eterna pero después de conocerlo todo reconozco que el dolor de ese espectro casi me parecía un castigo justo a su delito. Comenté mis sentimientos a Madre Loba.

. – ¿Quiere eso decir que si supieses la forma de romper ese círculo de dolor en el está esa mujer la dejarías en él?

Miré sorprendida al animal por la pregunta y quedé un rato pensativa. Eché a andar antes de que las sombras que avanzaban no dejasen ver el abrupto camino de vuelta, la loba me seguía a pocos pasos. Al llegar abajo me volví hacia ella.

. – Supongo que la ayudaría pero no por lástima, creo que su tormento es merecido. Lo haría por mí. No querría el peso de su condena sobre mi conciencia. Dejar que continuase si pudiera liberarla sería como compartir el peso de su culpa.

Madre Loba caminó unos pasos y se volvió.
. – Es una respuesta sabia.

La seguí sin poder evitar una sonrisa.

miércoles, 7 de julio de 2010

La dama del manantial, 3ª parte.

Inés era una joven de aspecto delicado y una suave belleza que recordaba el origen aristocrático y Genoveva pensó que la solución a la pobreza era buscar un buen casamiento para la niña con el reclamo del titulo nobiliario. Mientras eso llegaba, el marques reacio aún a la venta del título había recopilado las pocas joyas de la familia para venderlas, con tan mala fortuna que el coche donde viajaban fue asaltado por los bandoleros. Pese al descalabro aún intentó aguantar vendiendo parte de la tierra que rodeaba la casa.


El comprador fue el mesonero, adquirió la tierra con la idea de que su hijo Alonso la cultivase plantando viñas. El chico se había educado en el monasterio donde tenía un tío fraile. Cuando Alonso era pequeño su tío dijo ver aptitudes en el chaval y convenció al tabernero de enviárselo para prepararlo y servir a la iglesia. En su adolescencia comprendió su tío que el muchacho no tenía vocación y lo devolvió a su padre pero ya tenía una cultura muy superior a la de sus congéneres. Era educado, hablaba con refinamiento y amabilidad. Muy lejos de la tosquedad de los mozos de su edad. Su padre compró la tierra porque estaba convencido que la cultura adquirida por el muchacho era una oportunidad para ascender de status. Seguro que su chico le sacaba partido.

Alonso acudía todos los días casi al amanecer, Inés no dejaba de mirarle desde la ventana de su habitación.

. – Parece inevitable que surgiera el amor entre ellos ¿Verdad? – afirmé.

. – Sí, era lógico. Alonso era un joven atractivo y simpático que la saludaba desde el campo. Ella comenzó a bajar con cualquier excusa para charlar con él. Sus modales finos y educados cautivaron a la joven Inés que le juró amor eterno.

El marques, se puede decir que fue indiferente a esa relación. Habituado ya a su situación no veía con malos ojos los buenos ingresos del mesonero, con capital suficiente como para comprarle tierra. No era de su opinión Genoveva. La aldeana encumbrada de su baja condición veía esa posible unión como una perdida de oportunidades, de consolidarse como marquesa con un buen matrimonio para la niña que devolviese el esplendor de otros tiempos al título con ella como centro. Si sabía jugar bien sus cartas buscando un buen partido saldrían de este lugar y podrían mudarse a la Corte. Genoveva se veía siendo recibida en los mejores salones.

Ella iba en el coche con el marques cuando fueron atacados por el grupo de bandoleros, uno de ellos le arrebató del cuello un collar muy valioso, una de las piezas que llevaban a vender.

Desesperada por romper la unión de Inés, denunció a Alonso como uno de los bandoleros, convenció al marques que fue él quien le arrancó el collar y que seguro que fue ese dinero el que permitió que comprasen las tierras. Guillermo convencido por ella apoyó la denuncia. De nada sirvió que el mesonero demostrase que había recibido una pequeña herencia. Alonso fue detenido y acusado del robo de las joyas del marques.

Inés estaba destrozada e insistía ante la autoridad que era todo una maquinación de su madre para impedir su relación pero el marques había apoyado la acusación y en la comarca su nombre aún tenía peso.

. – Por favor no me digas que les creyeron y encerraron al chico – protesté temiendo lo peor.

. – Temo que si y la cosa empeoró bastaste cuando decidieron acusarle no sólo de ese delito. Le imputaron todos los robos y crímenes que habían cometido los bandoleros en la zona – afirmó Madre Loba – Le propusieron condenarle a cadena perpetua si identificaba a sus compinches y como puedes imaginar Alonso no podía confesar lo que no sabía.

. – Eso es absurdo – protesté indignada imaginando otro final trágico y esta vez aún más injusto.

. – Muchos hechos han sido injustos a lo largo de vuestra historia – Madre Loba fijó sus ojos en los míos – El espíritu del bosque sólo se limita a recoger la historia y a transmitirla con la idea de que al menos quede en la memoria esas pobres vidas que se perdieron por la villanía de otros. Alonso es quizá uno de los más notorios y lamentables – la loba movió la cabeza con gesto pesaroso – Fue condenado a muerte, su ejecución se llevaría a cabo tres días después.

Inés luchaba contra la duda entre su razón y su corazón que le decía que Alonso era inocente y otra con las palabras de su madre que repetía todas las atrocidades cometidas por los bandoleros y que fueron relatadas en el juicio, entre ellas como uno de los bandidos había cortado sin dudar el dedo de una dama porque ésta no podía sacar su anillo. O como habían matado a golpes a un anciano al negarse a confesar donde escondía sus ahorros.

El instinto de Inés intentaba aferrarse a la fe en Alonso que a través de mensajes juraba su inocencia pero Genoveva minaba con sus palabras envenenadas hasta el punto de que cuando Inés recibió una misiva de Alonso donde le decía que no le importaba morir mientras ella creyese su inocencia y mantuviera su amor por él, Inés contestó instigada por su madre que le creía un delincuente y que su muerte era indiferente para ella. Alonso caminó hacia la horca hundido y sin importarle ya nada.


Continuará....

La dama del manantial, 2ª parte.

. – Toma asiento y respira con lentitud – añadió Madre Loba.

Hice lo que me pedía sin entender que pretendía con ello. Señaló con la cabeza una dirección, una pequeña vereda rodeada de follaje espeso. Seguía las indicaciones de su voz indicándome que siguiese bajando la respiración, percibiendo las energías que emanaba el lugar mientras insistía que mantuviese la vista fija en el mismo lugar.

Para mi asombro una tenue figura blanca fue apareciendo en la estrecha senda, alterada me incorporé y la imagen desapareció.

. – ¿ Porque te has asustado? – preguntó la loba.
. – He visto algo – dije nerviosa – Algo extraño con la forma de una mujer.
. – Es una mujer, eso es lo que quería que vieses.
. – ¿ Quien o que es?
. – Lo que estas pensando. Es un fantasma, el espectro de una mujer. Quería demostrarte que se pueden ver  a plena luz.
. – ¿ Pretendes enseñarme un fantasma? – contesté enfadada – No quiero ver eso.
. – No hay razón para tener miedo Clara. Ella no te percibe, sólo pasea su dolor sin notar nada más. No puede hacerte nada y por tanto es absurdo tener miedo.
. – ¿ Entonces los fantasma no perciben a los vivos? – pregunté más tranquila.
. – Este no pero hay de todo. Casi siempre los inofensivos son los que viven en un limbo, como un camino en círculos que recorren sin cesar sin percibir nada más. Suelen ser los malignos los que son capaces de interaccionar contigo pero no debes preocuparte, esos son fáciles de detectar por la maldad que emanan y casi siempre se circunscriben a un lugar determinado. Con tu instinto no tendrás dificultad para notarlos y basta con alejarse de ellos.

. – ¿ Como ha llegado ella a ese estado? – pregunté desconcertada mientras volvía a fijar la vista en la vereda intentando captar de nuevo la imagen de la mujer. Poco a poco pude distinguir los rasgos. Era morena, bien parecida y vestida con un vestido blanco que asocié a la moda del siglo XVIII. Una imagen translúcida y parecía distraída con las pequeñas flores del camino pero el gesto dolorido no se apartaba de su rostro.

. – Quieres que te cuente su historia ¿ Verdad?

. – Claro – afirmé rotunda – pero quisiera marchar a otro lugar. No consigo concentrarme en tus palabras mientras mantengo la atención en ella, por cierto, además de pasear ¿ No hace nada más?.

. – A veces emite un lamento, cuando se acerca una fecha determinada – Madre loba hizo una indicación y caminó hacia el sendero de vuelta. Dócil la seguí volviendo la cabeza de vez en cuando hacia la figura que abstraída y con los ojos tristes los tenía fijos en algún punto. Me sentí extraña dando la espalda a un espectro. Sólo unos días antes un hecho así me habría mantenido con la boca abierta de sorpresa y miedo no sé el tiempo pero desde que conocí a Madre Loba lo sorprendente comenzaba a ser cotidiano.

Comenzamos el descenso por un camino menos escalpado. Con paso tranquilo Madre empezó su relato.

. – Hace muchos años, un marques, no importa el nombre...

. – ¿Porque no importa? – interrumpí – Con los De Pardo lo consideraste importante.

. – En su caso era importante porque fue el deseo de perpetuar el apellido lo que provocó la tragedia – se volvió hacia mí – en este caso el marques, bastante venido a menos tuvo que vender al final su título para sobrevivir. Los blasones y la gloria de los antepasados ahora pertenecen a otro que nada tiene que ver con su linaje, así pues, el apellido es irrelevante pero si tienes curiosidad te diré que el nombre era Guillermo.

Sólo hice un gesto aceptando su decisión. Levante la vista mientras bajaba hacia la puesta de sol. Siempre me habían gustado pero en un lugar como ese donde se dominaba el valle era un espectáculo sublime. Me detuve y me senté sobre una roca para indicar al animal que ese era un buen lugar para detenerse un rato mientras la escuchaba. La loba acató complacida la indicación y se sentó junto a la roca.

. – Guillermo trató de adaptarse a los tiempos de decadencia prescindiendo de todo lujo en la casa solariega donde sólo quedaban a su servicio dos viejos criados, matrimonio que permanecía junto a él más por lealtad que por el pago escaso que recibían y no siempre. Vivió durante años con su mujer y un hijo que apenas despuntó en su juventud se marchó a la Corte con idea de cazar una mujer de fortuna aprovechando su buena presencia, por desgracia era pendenciero y dado a los duelos de honor. En uno de ellos perdió la vida. La marquesa, su madre no tardó en seguirle.

Ante la soledad, el marques decidió reconocer a una hija, Inés que había tenido quince años antes con Genoveva, una aldeana. Presionado por ella aceptó casarse, más por encontrase atendido que por amor y porque tenía tan asumida su decadencia que no dio importancia a su condición plebeya.

Continuará...

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