escribe mariant...

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GRACIAS POR VISITAR MI PQUEÑO RINCÓN DE LETRAS, ESPERO PASES UN RATO AMENO Y ENTRETENIDO.

Iré escribiendo aquí algunas historias protagonizadas por el Gran Espíritu, mi personaje de Madre Loba y sus vivencias con Clara y puede que alguna que otra historia donde me lleve la imaginación y la fantasía.

Mi deseo de nuevo de que sean del agrado de quien se acerca a leer.

domingo, 6 de junio de 2010

Luna de Sangre, final.

. – Vamos – dijo incorporándose y echando a andar a lo largo del margen del río – caminemos mientras te sigo contando la historia.

La seguí agradeciendo la noche de luna, el brillo de ésta sobre el agua señalaba el camino.

. – El alba se llenó del plañir de voces gitanas cuando descubrieron los dos cuerpos al llegar a la granja – reanudó el relato mientras continuábamos descendiendo siguiendo el agua – El hermano de Roseta con el rostro crispado por la ira miraba fijamente y expectante a su madre que se mecía en silencio con el cuerpo de su niña abrazado – Dame unos momentos – pidió la matriarca alzando hacia él sus ojos sin lágrimas pero tan llenos de dolor que abrumaba mirarla – Sólo unos instantes.

Poco después se encerraba en su carromato a solas para interrogar a sus láminas arcanas.
No dieron nombres, sólo hechos y circunstancias pero para ella no fue difícil identificar a los culpables.
Cuando abrió la puerta del carromato todos los hombres estaban frente a ella con la determinación en su mirada.

. – Tranquilizar el ánimo – ordenó con voz serena – Honremos a nuestros muertos. Esta noche la luna se alzará roja para los De Pardo.

En la casa grande estaban de fiesta. Pedro De pardo satisfecho y orgulloso había salido de la habitación de ver de nuevo a su nieto, aunque prematuro no tenía el aspecto enfermizo de los otros hijos que había tenido Elena. Se le veía sano y fuerte. Estaba seguro que saldría adelante y perpetuaría el nombre de la familia.

La matriarca cumplió lo dicho a los suyos y en la fiesta de los De Pardo su sangre vengó la de los inocentes que las gitanas aún lloraban a lo lejos.
. –¿ Les mataron a todos? – pregunté mientras subía una pequeña loma siguiendo los pasos de la loba.

. – No a todos. Esa noche no se derramó más sangre inocente. La matriarca les había acompañado y sabía leer en las miradas de quien tenía delante. Pedro De Pardo, delante del cuerpo de su hijo Ramiro pensó que iba a ser el siguiente cuando comprendió el porque de tanta muerte pero la matriarca detuvo el cuchillo de su hijo.

. – No morirás esta noche – afirmó rotunda la gitana – Vivirás el tiempo suficiente para ver como contigo se acaba tu estirpe.

Habíamos llegado a un claro. A la luz de la luna pude contemplar un hermoso rincón lleno de rosas silvestres y flores olorosas. Cerré los ojos y aspiré el aroma que impregnaba el aire antes de preguntar a Madre Loba.

. – ¿ Su estirpe? ¿ Es que los gitanos persiguieron al resto de la familia?.

. – No hizo falta – dijo la loba adentrándome más en el hermoso lugar – Las maldiciones siguen su curso. El primo lejano y su hijo murieron unos años más tarde en una epidemia y otro familiar que ostentaba el apellido en una guerra de tantas. Cuando quince años después Pedro De Pardo cerró los ojos sabía con certeza que con él acababa el apellido que tanto quiso perpetuar.

. – Bueno – dije dudosa acariciando una  rosa – No sé si es justo que quienes nada tuvieron que ver con el crimen de Ramiro y Elena pagasen por ello.

. – Llevaban la sangre de los De Pardo y se heredan no solo las fortunas niña de agua – afirmó Madre Loba – Los actos de los ancestros también forman parte de la herencia.

Suspiré comprendiendo que hay cosas difíciles de entender y volví a concentrar mi atención en la hermosura del lugar.

. – Sabía que te gustaría el sitio – dijo Madre Loba adivinado el curso de mis pensamientos – Esta fue la granja de Pascual y Roseta. Los gitanos les enterraron aquí con unas cruces talladas en piedra que han sido cubiertas por las plantas. Un rosal silvestre creció poco después y el espíritu del bosque cubrió sus tumbas con las flores más olorosas quizá como un homenaje a tan trágicas vidas, este ha sido desde entonces un lugar hermoso. Un disfrute para todo el que pasa y hace un alto en su camino.

Admiré lo que podía percibir a la claridad de la luna prometiéndome visitarlo a la luz del día.

. – ¿ Que fue del bebé? – recordé de pronto.

. – Esa misma pregunta le hice yo al espíritu del bosque cuando contó la historia y dijo que cuando los carromatos de los gitanos salian del bosque oyó en la lejanía la voz de la matriarca cantando una nana.

Mariant Herrera ( M.I)
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